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¿Estas últimas clases valen para algo?

  • Foto del escritor: Patricia Mendez
    Patricia Mendez
  • 29 may
  • 4 min de lectura

“Ya todo el pescado está vendido.”

“Ahora ya solo vienen a calentar la silla.”

“Estas últimas semanas no hacen nada.”


Hoy vengo a hablar de un pequeño tabú. De una conversación casual que puede darse entre familias, profes e incluso alumnos cuando se acerca final de curso.

Y lo cierto es que sí: puede haber contextos, escuelas, profesores o dinámicas donde realmente esto esté pasando. Y a mis ojos, es un problema.

Porque nunca deberíamos fomentar el estar en un sitio simplemente por estar. Sin aprovechar la experiencia. Sin construir nada con ello. Sin darle sentido.

Ahora bien, también creo que hay muchísimos docentes y centros que utilizan estas semanas de otra manera. Y aquí quiero romper una lanza a favor de ellos.

Porque estas últimas semanas también pueden ser semanas de observación, de evaluación formativa, de recogida, de cierre, de ordenar procesos, materiales, cuadernos, conversaciones y emociones.

Y eso también es enseñar.

clases de refuerzo

Preparar el cierre de un curso. Revisar lo aprendido. Ordenar carpetas. Mirar atrás y ver el camino recorrido. Hacer autoevaluaciones. Hablar de lo que ha costado más y de lo que se ha conseguido.

Todo eso tiene muchísimo valor.

Así que invalidar automáticamente estas semanas como “tiempo perdido” me parece también un error.

El problema aparece cuando todo esto no se verbaliza.


Porque muchos niños y adolescentes sí pueden empezar a construir esa narrativa de “ya no hacemos nada”, especialmente cuando cambia la estructura ordinaria del curso: hay menos contenido nuevo, menos presión curricular y más momentos abiertos o flexibles.

Y aquí es donde creo que entra una responsabilidad enorme por parte de los adultos: contextualizar.

Explicar en qué momento del curso estamos. Explicar qué sentido tienen estas semanas. Explicar qué se está trabajando aunque no se parezca tanto a lo habitual.

Porque estas semanas pueden servir para muchísimas cosas:

  • Revisar procesos,

  • Hacer autoevaluaciones más profundas,

  • Crear propuestas personalizadas para verano,

  • Hablar de hábitos,

  • Ordenar materiales,

  • Trabajar autonomía,

  • Celebrar cierres,

  • Fortalecer vínculos,

  • Recoger emocionalmente el curso.


Y también para enseñar algo muy importante: saber cerrar etapas.

Luego también es verdad que estas semanas traen más volatilidad.

Hay alumnos que terminan tareas antes. Otros que ya no necesitan tanta guía. Otros que están cansados. Otros que necesitan muchísimo movimiento.

Y aquí creo que los centros deberían poder anticiparse más.

Sentarse. Hablar.

Revisar semanalmente:

“¿Qué hacemos con los alumnos que acaban rápido?”

“¿Qué más podemos ofrecerles?”

“¿Qué propuestas podemos preparar?”


Porque cuando no hay intención, estructura ni acompañamiento, el espacio libre puede convertirse fácilmente en desconexión.

Y aquí entro en otra idea que quizá no todo el mundo compartirá, pero que yo quiero seguir defendiendo.

La escuela tiene poder.

El contexto tiene poder.

Y creo profundamente que la escuela debería intentar ser un espacio lo más académico, amoroso, ético y respetuoso posible.

Eso no significa rigidez ni hipercontrol. No significa que todo tenga que ser formal constantemente. Pero sí significa que incluso los espacios más libres deberían tener cierta conciencia detrás.

Porque no todo vale solo porque “ya es final de curso”.

Y sí, creo que tenemos que cuestionar algunas dinámicas que a veces normalizamos:largos ratos sin rumbo,música o letras poco apropiadas,exceso de desconexión,o simplemente dejar pasar horas sin intención educativa real.

Porque luego el mundo ya traerá muchísimo ruido, muchísima impulsividad y muchísima desconexión.

La escuela debería intentar compensar eso, no amplificarlo.

Entonces… ¿cómo saber si tu hijo realmente está “calentando la silla”?

Habla con él.

Pregúntale:

  • Qué está haciendo,

  • Qué está revisando,

  • Qué conversaciones están teniendo,

  • Cómo están cerrando el curso,

  • Qué siente él sobre estas semanas.


Y si ves que sí hay una intención detrás, apóyala. Valórala.

Y si por el contrario sientes que realmente no hay propuesta, estructura ni acompañamiento… entonces tienes dos caminos.

Uno: hablar con cariño con el tutor y compartir tus inquietudes.

Dos: responsabilizarte tú también de parte de ese tiempo.

Porque especialmente a partir de los ocho o nueve años ya podemos empezar a pedir pequeñas cuotas de autonomía y responsabilidad.


“Como tienes ratos más libres, quiero que leas un poco.”

“Quiero que ayudes a la profe.”

“Quiero que aproveches para ordenar esto.”

“Quiero que pienses qué quieres mejorar este verano.”


Y sí, quizá eso implique pequeñas batallas.

Pero educar también significa luchar las cosas importantes.

Porque son estas pequeñas cosas las que construyen el día de mañana personas éticas, autónomas, responsables y comprometidas con lo que hacen.

Y ya para cerrar, si alguien anda perdido con qué hacer este verano, que sepa que este año vamos a compartir propuestas gratuitas en YouTube para ayudar a niños y adolescentes a seguir cultivando un poco sus cabezas, sus hábitos y también el inglés.

Además, este verano tendremos intensivos online por niveles Cambridge, clases de 45 minutos y también particulares donde podremos trabajar no solo inglés, sino otras materias.

Así que nada… espero que este artículo os haya ayudado a mirar estas últimas semanas de curso desde un lugar un poco más amplio y consciente.

Porque cerrar bien también es educar.


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