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¿Mi hijo pierde el tiempo aprendiendo inglés? Clases de inglés online

  • Foto del escritor: Patricia Mendez
    Patricia Mendez
  • hace 20 horas
  • 4 Min. de lectura

Esta es una de las preguntas que más combato como maestra. Y la combato desde dentro del aula, porque, sinceramente, yo también quiero que todos mis alumnos den pasos reales, que aprovechen el tiempo y que el aprendizaje tenga sentido.

Pero quiero empezar con una gran verdad que muchas veces olvidamos los adultos: los niños no son adultos decidiendo aprender un idioma por voluntad propia. La gran mayoría de niños se exponen al inglés porque los adultos tomamos esa decisión educativa por ellos.

Y eso cambia muchísimo las cosas.


Porque no todos los niños se prestan igual en todas las sesiones.

No todos llegan con la misma energía, la misma motivación, la misma apertura o el mismo estado emocional.

Así que lo primero que necesitamos es relajar la expectativa de creer que todo lo que hacemos con ellos tiene que ser siempre 100% exprimible o perfecto.

De hecho, si lo pensamos fríamente, ni siquiera nosotros funcionamos así.


¿Cuántas veces has ido al gimnasio y has dado absolutamente todo de ti?

¿Cuántos días has entrenado cansada, desconcentrada o simplemente haciendo “lo que podías”? ¿Cuántas veces has hecho los ejercicios a medias, has estirado poco o has sentido que ese día no era tu mejor versión?

Pues aprender un idioma funciona igual.
Clases ONLINE de verano

Tomar la decisión de exponerse a un idioma a largo plazo implica aceptar que habrá días donde el niño no estará brillante, no estará especialmente motivado o no aprovechará la sesión como nos gustaría. Y eso no significa necesariamente que todo esté mal.

El gran tema, para mí, es entender el big picture. La gran imagen. Porque cuando aceptamos esto como parte natural del proceso, entendemos que muchas veces hay mucho más valor en continuar, en sostener la exposición y en seguir creando vínculo con el idioma que en evaluar constantemente cada clase como si fuera una prueba de rendimiento.

Ahora bien, aquí también hay otra verdad incómoda.

No todo tipo de clase aprovecha igual el tiempo del niño.

Hace poco hablaba con una madre que me describía cómo eran las clases online de inglés de su hija. Y mientras me lo contaba, recordé experiencias que he visto durante años en educación.

Ese tipo de clases donde hay fichas, dibujos, actividades sueltas, quizá algún juego, vocabulario aislado… pero donde no existe un orden claro, un plan complejo o una intención pedagógica realmente profunda detrás.

Hablo especialmente de educación infantil y primeros años.

  • Un día trabajan números.

  • Otro día colores.

  • Otro día una ficha distinta sin conexión con la anterior.

  • Luego un dibujo.

  • Luego otra actividad aislada.

Y aunque desde fuera parece que “hacen muchas cosas”, cuando analizamos ese aprendizaje vemos que muchas veces hay desorden curricular y poca integración real.

Y aquí es donde creo que tenemos que elevar muchísimo nuestras expectativas como adultos.

Necesitamos prestar muchísima más atención al currículum, a la secuenciación y a cómo aprende realmente un ser humano un idioma.

Y esto no solo pasa en infantil. Muchas veces, al crecer, simplemente cambiamos las fichas por libros.

Clases de 30 o 40 minutos donde prácticamente todo gira alrededor del workbook o del student’s book, complementado con algún juego puntual.


Entonces, ¿está perdiendo el tiempo tu hijo?

Si lo que he descrito se parece bastante a la experiencia que vive, probablemente no esté perdiendo el tiempo del todo. Está aprendiendo vocabulario, trabajando habilidades transversales y exponiéndose al idioma.

Pero quizá no lo está aprovechando de la manera más inteligente posible.

Y aquí quiero dejar algo muy claro: no hablo de culpa hacia los niños. Hablo de responsabilidad adulta.

De cómo diseñamos las experiencias educativas.

Porque sí podemos cambiar muchísimo cómo un niño aprovecha el tiempo aprendiendo inglés.

Y para eso necesitamos entender varias cosas.

Necesitamos buenos programas y buenos currículums. Necesitamos orden lógico. No podemos avanzar contenidos si las bases anteriores no están integradas. Necesitamos promover el aprendizaje natural antes de obsesionarnos con la decodificación gramatical. El juego debe formar parte del proceso, sí, pero no puede ser lo único, porque si no el idioma pierde profundidad y necesidad comunicativa.

Necesitamos conversaciones en absolutamente todas las clases.
Necesitamos exposición auditiva frecuente.

Y necesitamos entender que la gramática no puede ocupar toda la experiencia educativa. Para mí, debería representar aproximadamente un 15 o un 20% de la clase, no el centro absoluto del aprendizaje.

Ahora bien, imaginemos que nuestro hijo ya está en un contexto donde sentimos que hay más desorden, menos avance o menos aprovechamiento real. ¿Qué podemos hacer desde casa?

Muchísimo más de lo que creemos.

Sobre todo a partir de los 7 u 8 años, podemos empezar a crear marcos emocionales y conversaciones que ayuden al niño a entender qué significa aprender un idioma y cómo puede implicarse más conscientemente en el proceso.

Y esto no significa presionar.

  • Significa dialogar.

  • Significa ayudarles a pensar.


Por ejemplo, recordarles que aprender inglés no depende solo de “ir a clase”.

Que acelerar el proceso también está en sus manos.

Que exponerse más, escuchar más, hablar más o utilizar el idioma fuera del aula cambia muchísimo las cosas.

Cuando un niño entiende eso, deja de vivir el inglés como algo completamente externo y empieza a desarrollar más responsabilidad y autonomía.

Y luego, evidentemente, también está la otra gran reflexión.

Si para vuestra familia realmente es importante que vuestro hijo hable inglés, pero sentís que no está avanzando como debería, quizá merece la pena buscar espacios educativos que sí prioricen la producción real, la conversación, la lectura, el vínculo y el aprendizaje natural.


En Funny Friends School llevamos años trabajando precisamente desde ahí.

Por eso ofrecemos la posibilidad de probar gratuitamente tanto una clase particular como una semana completa de nuestros grupos online.

Y ahora en verano, además, tenemos diferentes formatos que se adaptan muchísimo a las necesidades de cada niño y familia.

Hay niños que necesitan mantenimiento y continuidad. Ahí las clases particulares de verano funcionan muy bien porque permiten ir directamente a sus necesidades reales, personalizando muchísimo el proceso.

Y hay otros niños que necesitan un impulso más grande. Para ellos tenemos nuestros intensivos grupales reducidos, donde trabajamos con grupos muy pequeños para fomentar participación, oralidad, seguimiento y avance real.

Porque al final, aprender inglés no va solo de hacer ejercicios.

Va de crear una relación real con el idioma.

Y esa relación, cuando se construye bien, puede acompañarles toda la vida.

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