Creencias limitantes que frenan el rendimiento escolar: cómo afectan al aprendizaje de niños y adolescentes
- Patricia Mendez
- hace 4 días
- 6 Min. de lectura
No sé si esta palabra te suena: creencias limitantes.
¿Sí te suena? Perfecto. Y si no, pues bueno, es uno de los conceptos ahora mismo más virales en todo lo que significa psicología intrapersonal, y viene a mostrarnos lo importante de cuestionar nuestras creencias.
Una creencia es una idea fija. Una idea fija que o bien se ha repetido muchísimo o bien la vivimos de una manera muy intensa, ya sea por un buen trauma o por un mal trauma. Y esas ideas fijas, es decir, esas creencias, son las que dirigen nuestra vida, nos demos cuenta o no.
Es decir, si una persona ha aprendido, o le han dicho muchísimo en el colegio, que es buena en algo, el simplemente estar expuesta a ese mensaje acaba siendo parte de su identidad y el niño se acaba creyendo que es bueno en eso. Por tanto, sigue avivándolo, responde a la expectativa que se le aboca y se mueve desde ahí.
Ahora bien, también ocurre lo contrario.
Y aquí es donde empieza el problema.

Porque si un niño escucha que no puede, que no vale, que no es constante, que no sirve para estudiar, que es disperso, que es vago, que no llega, que siempre va por detrás, aunque nadie se lo diga con esas palabras exactas, también se lo acaba creyendo.
Y entonces no solo tenemos un niño con dificultades escolares o con bajo rendimiento. Tenemos un niño que está construyendo una identidad frágil respecto al aprendizaje.
Y esto, para mí, es mucho más serio.
La escuela está en transición, pero seguimos arrastrando muchas ideas antiguas
Sabemos que la escuela está en transición. Seguimos todavía en muchos centros académicos utilizando bastante metodología heredada del sistema industrial que, bueno, antiguamente pudo tener sentido, pero ahora mismo se queda bastante caduca para muchas de las necesidades reales de los niños y adolescentes.
Por eso hoy quiero compartir algunas de las ideas que limitan el buen rendimiento académico y el potencial intelectual del niño.
Y por potencial intelectual no me refiero solo a la data o a lo puramente académico. También me refiero al intelecto en hard skills, sí, pero también al intelecto emocional, a la capacidad de aprender, de sostener frustración, de sentirse capaz, de encontrar un lugar propio dentro de la experiencia escolar.
Y aquí yo creo que esto ya es bastante obvio, ¿no? Que necesitamos casi más intelecto emocional que no puro intelecto factual.
Creencias limitantes que muchas familias repiten sin darse cuenta
Voy con algunas ideas muy típicas que se dicen muchísimo en casa y que, aunque muchas veces se dicen con buena intención, pueden limitar bastante el desarrollo académico y personal del niño.
“Si saca buenas notas, es inteligente” .Esta es de las más repetidas.
Y limita muchísimo, porque mezcla dos cosas que no son lo mismo: inteligencia y rendimiento académico. Un niño puede sacar buenas notas porque se adapta bien al sistema, porque memoriza rápido, porque tiene apoyo, porque el formato de evaluación le encaja. Y también puede pasar al revés: un niño muy inteligente puede estar sacando notas flojas porque no entiende cómo estudiar, porque tiene un trastorno de aprendizaje, porque está emocionalmente saturado o porque el sistema no está sabiendo llegar a él.
Si un niño cree que su inteligencia depende de sus notas, cada nota baja se convierte en una amenaza a su identidad.
“Lo bien o mal que lo haga en el colegio va a definir su presente y su futuro”
Esto mete una presión brutal. Claro que el colegio importa. Claro que aprender importa. Pero creer que todo se decide ahí, de manera lineal, rígida y absoluta, genera ansiedad, miedo al error y sensación de condena.
Y esto no ayuda a aprender mejor. Ayuda a vivir el aprendizaje con miedo.
“Escoger una escuela tiene que ser una decisión de por vida”
Hay familias que sienten que cambiar de colegio es casi un fracaso o una catástrofe. Y no. Hay decisiones que simplemente se revisan. Igual que revisamos una terapia, un médico o una manera de educar, también se puede revisar si un entorno escolar está siendo bueno o no para un niño.
No todo tiene que durar para siempre para ser válido.
“Hay que ir al cole¨ Te guste o no.
Esta idea parece muy realista, muy adulta, muy de “la vida es así”. Pero para mí (y para muchos expertos en pedagogía, psicología y filosofía es el gran error, que luego lleva a adultos a NO QUERER TRABAJAR, PERO HACERLO.
Normaliza la imposición, normaliza el omitir al niño, además fomenta una relación fría, resignada y poco amorosa con el aprendizaje. Y luego nos sorprende que haya adolescentes desmotivados, desconectados o con rechazo escolar.
Qué cuidado, no digo el colegio debe ser una fiesta constante. Pero sí tendría que ser una experiencia con sentido, con vínculo, con momentos de interés y de disfrute real y mucho más personalizada.
“El cole es un tránsito, luego la vida es otra cosa”
Muchos padres se resignan, sobre todo en la adolescencia, venga que te queda nada, luego será otra cosa... podrás decidir; haciendo esto enseñamos a ¨aguantar lo que no funciona¨.
Además el colegio no es una sala de espera. Es la incubadora. Incubadora de identidad, de relaciones, de autoestima que en etapas adultas ¨no trabajadas¨, bien resultarán una replica de la etapa escolar o una compensación yendo al otro extremo.
Creencias limitantes que algunos profesores pueden sostener sin querer
Y aquí voy con otra parte importante. No desde el juicio, sino desde la revisión.
Porque también los propios profesores, sin querer y muchas veces por cansancio, por falta de formación o por pura supervivencia del sistema, pueden sostener ideas que terminan limitando a sus alumnos.
“Yo no me puedo adaptar a todos los niños”
Es verdad que un profesor no puede personalizar al 100% cada segundo del aula. Eso no es realista. Pero convertir esa limitación del sistema en una creencia cerrada hace que se deje de intentar. Asimismo es que seguimos creyendo que lo que el profe crea es lo correcto y útil para todos y eso no es así. ¿Te imaginas tener un jefe que te persigue cada hora diciéndote qué tienes que hacer y cómo y tú con otras prioridades o ideas a cerca de lo que hace falta?...
“Esto se tiene que hacer así”
Esta idea bloquea creatividad, flexibilidad y observación.
Hay contenidos que sí tienen una estructura, sí. Pero enseñar no es solo transmitir contenido. Enseñar también es leer a quién tienes delante, ajustar, probar, cambiar el canal.
Cuando un profesor se casa con una única forma, deja fuera a muchísimos perfiles de alumnos.
“Hay alumnos que no dan para más”
Esta es durísima. Y sé que a veces no se dice así, pero se piensa.
Y cuando se piensa, se transmite.
Se transmite en el tono, en la mirada, en el tiempo que se dedica, en el tipo de preguntas que se hacen, en la poca expectativa que se coloca sobre ese niño.
Y un niño que siente que no esperan nada de él, deja de esperar él también.
¨Me tienen que hacer caso ¨Me tienen que respetar¨
Esta idea infantil que además usamos de manera autoritaria es la guinda del pastel. Una de cal una de arena, cosas de estas que a veces sigo escuchando con el objetivo de ¨manipular¨. Cuidado, que es útil! ayuda a seguir fomentando al maestro esa idea de ¨él es el que sabe versus el alumno¨, pero ningún alumno te debe nada, de hecho les debes tú las gracias, por que en el futuro nos echaremos las manos a la cabeza recordando como se enseñaba antes (ahora). El único respeto que te debes es a ti, a tu profesión, a escoger oportunidades que tengan sentido y que te ayuden a recordar ¨EL NIÑO NO ES UN SER INFERIOR AL QUE ADOCTRINAR¨, ¨ES UN SER MÁS VULNERABLE AL QUE PROTEGER¨.
Entonces, ¿qué hacemos con todo esto?
Lo primero: reconocer qué ideas están operando.
Qué frases se repiten en casa. Qué frases se repiten en el colegio. Qué narrativa tiene ese niño sobre sí mismo y sobre aprender.
Porque muchas veces el problema no es solo que el niño tenga dificultades escolares. El problema es que ya se está contando una historia sobre esas dificultades.
Y si no intervenimos ahí, la historia crece.
Lo segundo: revisar entornos.
No solo el colegio. También la casa. Qué relación se tiene con el trabajo, con el esfuerzo, con la frustración, con el error, con el aprendizaje. Qué ven los niños. Qué oyen. Qué modelo tienen delante.
Si tu hijo rinde poco en el colegio, no encaja o no sabe estudiar, pide ayuda pronto
Y aquí va el cierre claro.
Si tu hijo tiene problemas en el colegio, sientes que rinde poco, que no acaba de encajar, que no encuentra su manera de aprender, que no crea su propio sistema de estudio, que no está motivado y no sabes por dónde ir, recuerda que puedes pedir una sesión de valoración gratuita con nuestro servicio de psicopedagogía. CLIK AQUÍ
Trabajamos precisamente con niños y adolescentes que necesitan refuerzo escolar, acompañamiento psicopedagógico, ayuda con trastornos de aprendizaje, con dificultades de motivación, de estudio o de adaptación escolar.
Y lo bueno es que, ya solo en esa primera sesión, te damos pautas que puedes aplicar de manera autodidacta y que normalmente ya dan muchísima luz.
A veces no hace falta esperar a que el problema sea enorme. Hace falta mirar bien, poner nombre a lo que pasa y empezar a ajustar.
Y ahí es donde la psicopedagogía, el refuerzo escolar bien enfocado y el acompañamiento emocional marcan una diferencia brutal.
Pero si quieres saber más de creencias y de muchas otras cosas, subscríbete a la newsletter, todas las semanas muchas más ideas clave. CLICK AQUÍ
Un besito enorme. Seguimos apostando por la buena educación.




Comentarios