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¿El nivel de la escuela es cada vez más bajo? (Y por qué la solución está en volver a lo antiguo)

Foto del escritor: Patricia Mendez
Patricia Mendez
hace 3 días
3 min de lectura

Hoy vengo a abrir un melón de esos de los que se habla en todas partes. De hecho, este debate lleva sobre la mesa los últimos 70 años —y porque no conozco gente más mayor, pero me imagino que hace un siglo los profes también se rasgarían las vestiduras diciendo aquello de "los jóvenes de ahora ya no saben nada"—.

La cuestión es que mires a donde mires, parece que las estadísticas y la evidencia nos dicen lo mismo: el nivel educativo va barranca abajo.

¿Cuáles son los sospechosos habituales detrás de esto? Si rascamos un poco, hay dos grandes advertencias (warnings) que gritan a voces lo que está pasando:


Refuerzo escolar

1. La sobreestimulación digital: de compartir tele a la sobredosis de pantallas

Antiguamente, en las casas había una única televisión para todos. Veías un capítulo de tu serie favorita una vez a la semana, en familia, y luego tocaba apagarla.

Hoy el panorama es radicalmente distinto: cada miembro de la familia tiene su propio móvil, su tablet, su pantalla individual. Nos hemos metido de lleno en un consumo que no me duelen prendas en calificar de adictivo —porque está diseñado exactamente para eso, para enganchar y atontar el foco mental—.


2. La calidad de lo que consumimos (en el plato y en la pantalla)

Aquí viene otra de las grandes razones de la caída del rendimiento: somos lo que consumimos, tanto físicamente como a nivel mental.

  • La comida: Antiguamente (sin ponernos nostálgicos extremos) se comía de otra manera. Hoy en día, aunque no sea el caso de todas las familias, es habitual ver desayunos y meriendas nutricionalmente muy cuestionables. Si la gasolina que le metemos al cuerpo es peor, la energía cerebral y la capacidad de rendimiento se resienten.

  • La información: Antes, leer un periódico entero, ver una película sin pausas o seguir un hilo argumental largo era casi un acto de disciplina académica. Hoy tragamos reels, historias fugaces y dibujos animados visualmente hiperabruptos que, fotograma a fotograma, van triturando nuestra capacidad de concentración y atención sostenida.


Pero no todo es apocalíptico: el lado esperanzador

Pese a esta sensación constante de que "vamos a peor" —que, insisto, ya la tenían nuestros padres y abuelos—, vivimos en un momento histórico lleno de posibilidades y alternativas brutales.

Chavales jóvenes que, desde la habitación de su casa con un ordenador, montan negocios o desarrollan talentos espectaculares. Cada vez hay más modelos educativos alternativos, nuevas formas de entender el trabajo y estilos de vida que romuyen con los esquemas rígidos del pasado.

Yo me considero una mujer con esperanza. Y tengo claro que ir a peor no es una fatalidad inevitable: ¡depende de ti! De la cantidad de verdad que seas capaz de decirte frente al espejo y de la cantidad de acción que estés dispuesta a tomar en tu día a día.



El gran reto con los niños: Hagámosles lo fácil difícil

Si queremos contrarrestar esta deriva, el verdadero desafío con las nuevas generaciones no es meterles más tecnología ni sobreprotegerlos, sino volver a lo antiguo. Es recuperar el pulso real de la vida.

¿Cómo se traduce esto en el día a día?

  • Bajar el volumen del ruido exterior: Reducir drásticamente la exposición a conversaciones de adultos, pantallas de fondo, noticias alarmistas y estímulos vacíos que los niños no necesitan procesar.

  • Hacerles lo fácil, difícil: En la era del "todo hecho con un clic", tenemos que devolverles el valor al esfuerzo físico y manual. Que aburrirse sea el punto de partida de la creatividad.

  • Cocinar juntos: Volver a los ingredientes reales, a mancharse las manos de harina, a oler, tocar y entender de dónde viene lo que comemos.

  • Asumir responsabilidades reales en casa: Poner la mesa, ordenar, cuidar de las plantas o ayudar en pequeñas tareas. Cosas que impliquen constancia, atención y compromiso con su entorno.

  • Aminorar el ritmo: Vivimos en una rueda de hámster insostenible. Parar, bajar las revoluciones y regalarles ratos de silencio y pausa es el mejor tónico para reconstruir su capacidad de concentración.


El nivel no bajará si nosotros, desde casa y desde las aulas, decidimos poner anclas en lo importante.

¿Y tú qué opinas?

¿Notas que la capacidad de atención ha caído en picado en los últimos años? ¿Qué trucos aplicas en casa para desconectar del ruido digital?

¡Te leo en los comentarios!


 
 
 

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