¿Qué esconde realmente la frase “no me gusta el inglés”?
- Patricia Mendez
- hace 14 horas
- 5 Min. de lectura
Hace poco venimos compartiendo una idea que para mí es muy importante cuando trabajamos con niños: muchas veces hablamos mal. No mal en el sentido de educación, sino mal en el sentido de precisión. Utilizamos frases simplistas que nos facilitan la vida y que nos ayudan a salir de una situación incómoda.
Y como maestra de inglés he escuchado miles de veces la frase: “no me gusta el inglés.”
Pero lo curioso es lo que ocurre después.
Porque muchas veces esos mismos alumnos que dicen que no les gusta el inglés están participando, riéndose, intentando responder, emocionándose cuando consiguen acertar una palabra o una frase. Están jugando, están hablando, están intentando hacerlo bien.
Y eso siempre me ha provocado un pequeño clic interno.
Porque algo no cuadra.
Si realmente no te gusta algo, no sonríes haciéndolo.
Con el tiempo me di cuenta de que la frase “no me gusta el inglés” suele esconder tres ideas mucho más profundas.
Tres ideas semilla.
La primera es: no me creo capaz.
La segunda es: esto me parece aburrido.
Y la tercera es: prefiero hacer otra cosa.

Y distinguir entre estas tres es fundamental.
No solo para resolver el problema del aprendizaje del idioma, sino para algo mucho más importante: enseñar a los niños a hablar con propiedad sobre lo que les pasa.
Porque cuando dejamos que una frase como “no me gusta el inglés” se repita muchas veces sin cuestionarla, lo que empieza siendo una excusa acaba convirtiéndose en una creencia.
Y conozco muchísimos adultos que dicen con total convicción: “a mí no me gusta el inglés.”
Y muchas veces no es verdad.Muchas veces nadie les ayudó a ver qué había detrás de esa frase.
A veces era pereza.A veces era que preferían jugar.A veces era que lo veían difícil.A veces era que el método les parecía aburrido.
Pero nunca se habló con claridad.
Y aquí es donde empieza el trabajo educativo.
Cuando un alumno me dice “no me gusta el inglés”, lo primero que hago es parar la conversación y llevarla a un lugar más real.
Primero les pregunto algo muy sencillo.
Les digo: ¿a ti te gusta hablar?
La respuesta siempre es sí.
Entonces les digo: si hubieras nacido en Londres o en Nueva York, donde se habla inglés,
¿dirías que no te gusta el inglés? ¿Cómo hablarías entonces?
Y aquí se quedan un poco parados.
Después les digo que probablemente lo que está pasando es una de estas tres cosas.
Puede ser que prefieras jugar. Puede ser que lo que estamos haciendo hoy te parezca aburrido. O puede ser que lo veas difícil y sientas que no te salen las palabras.
Y les invito a escoger cuál de las tres creen que es la más cercana a lo que sienten.
Muchas veces la respuesta es la primera.
“Prefiero jugar.”
Y esto es totalmente normal.
Cuando un niño dice eso, lo primero que toca es validar la emoción. Decirle que lo entiendo. Que a mí también me pasa muchas veces que prefiero hacer otras cosas. Prefiero descansar, bailar, salir a caminar.
Es humano.
Después revisamos algo importante: si durante el día o durante la clase existen espacios para jugar, moverse o hacer cosas más libres.
Nuestro método, por ejemplo, lo permite. En todas las sesiones hay momentos de juego, movimiento o interacción libre.
Cuando el niño ve que eso existe, ya se relaja un poco.
Entonces llega el siguiente paso, que es recordar nuestra misión.
Les digo algo muy sencillo: mi misión es darte una herramienta que es tan importante como aprender a leer o aprender a sumar. Y lo voy a hacer con todo el cariño posible.
Vamos a dedicar este ratito a aprender un poco de inglés. Y cuando terminemos, celebramos el esfuerzo.
Un abrazo, una sonrisa, un pequeño juego.
Porque aprender también necesita sentirse acompañado.
La segunda posibilidad es que el niño diga que le parece aburrido.
Aquí es muy importante hacer una pregunta muy concreta: ¿qué es exactamente lo que te parece aburrido?
A veces dicen que repetir palabras les aburre. A veces que escribir les cansa.
Y aquí hay algo interesante que también conviene decir: incluso el juego puede cansar.
Estamos muy acostumbrados a pensar que jugar siempre es divertido. Pero el juego también exige energía, atención y relación con otros.
Hay días en que un niño no quiere jugar, igual que hay días en que un adulto no quiere ir al gimnasio.
Por eso cuando dicen que algo es aburrido, lo primero es concretar qué parte es la que no les gusta.
Y después preguntar algo muy simple: ¿cómo podríamos hacerlo hoy un poco más divertido?
Si el niño propone una idea y la podemos implementar, se produce un clic inmediato. El niño pasa de sentirse obligado a sentirse parte de la solución.
Muchas veces dicen que no lo saben. Y entonces puedes ofrecer dos opciones para que elijan. Solo el hecho de poder elegir ya cambia la dinámica.
La tercera situación es cuando dicen que lo ven difícil.
“Es que no me acuerdo.”“Es que no me salen las palabras.”“Es que esto es muy difícil.”
Aquí entra una herramienta que parece muy simple pero que se nos olvida constantemente: el prework.
Es decir, preparar un poquito antes de empezar.
Aprender un idioma necesita exposición repetida. Así que algo tan sencillo como dejar que el alumno mire durante cinco minutos las palabras del día anterior, o revisar sus notas antes de empezar, cambia completamente su sensación de capacidad.
De repente recuerda cosas que pensaba que no sabía.
Y cuando consigue responder correctamente a algunas preguntas, ocurre algo muy importante.
Le pregunto: ¿crees que hace una semana habrías podido decir estas palabras en inglés?
Y ahí aparece el progreso.
Porque muchas veces los niños no ven su avance.
Visibilizar ese progreso y entrenar el diálogo interior que tienen frente al aprendizaje es una de las herramientas más potentes que tenemos como educadores.
Cuando un niño aprende a reconocer su esfuerzo, a tolerar la dificultad y a ver su progreso, empieza a desarrollar paciencia, responsabilidad y resiliencia.
Y eso es mucho más importante que aprender una lista de palabras.
Si este tema te resuena y quieres probar una forma distinta de aprender inglés, puedes probar dos semanas gratuitas de nuestras clases online con preparación Cambridge para secundaria.
Y si ya eres alumno y estás haciendo una sesión grupal, también puedes probar las sesiones particulares de 30 minutos que ofrecemos una o dos veces al mes. Son espacios muy personalizados que ayudan a desbloquear dificultades, reforzar contenidos y acelerar muchísimo el aprendizaje.
A veces no se trata de estudiar más, sino de entender mejor cómo aprender.
Recuerda que damos ideas y estrategias todas las semanas de psicología y psicopedagogía aplicadas a la educación. https://forms.wix.com/r/7325828460323013414





Comentarios