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¿Cómo frenar el bullying?

  • Foto del escritor: Patricia Mendez
    Patricia Mendez
  • hace 3 horas
  • 4 Min. de lectura

Bueno, pues este es un temazo del que, por desgracia, se habla poco y, por desgracia, se actúa menos.


Yo como maestra llevo viendo muchísimos años dinámicas humanas que ya apuntan hacia ahí. Y no hace falta ni meterte en un colegio. Sales a la calle y escuchas comentarios hirientes, conversaciones, actitudes, bromas, gestos que están ahí constantemente. Y ya no te cuento si enchufas la tele, pones un reality, una película o simplemente revisas algunas redes sociales.

Cómo frenar el bullying

NORMALIZAMOS EL ABUSO. Bullying

El sufrimiento relacional, porque esto es sufrimiento relacional, no solo está normalizado. Muchas veces está buscado. Parece que nos entretenga. Parece que buscamos constantemente este tipo de conductas. Y esto no es casualidad.

Pero bueno, hoy no quería hablar tanto de las razones por las cuales aparece el bullying, porque eso daría para un libro entero, sino de algo mucho más práctico y que sinceramente creo que es urgente: cómo se puede frenar de verdad.

Porque sí, hay maneras de frenarlo. O por lo menos de intervenir muchísimo antes de que explote todo.

Y aquí creo que hay dos claves fundamentales.

  • La primera es entender que no todas las situaciones son iguales. Hay relaciones entre niños y adolescentes que chocan muchísimo, pero donde todavía hay cariño, donde todavía existe vínculo, donde siguen habiendo momentos buenos y donde realmente lo que falta es reeducación emocional y relacional.

  • Y luego están los casos donde ya no hay vínculo sano, donde ya hay dolor real, rechazo, miedo, sintomatología física y emocional y donde sinceramente ya no basta con “hablarlo”.


¿Cómo frenar el BULLYING?

Porque muchas veces se intenta tratar igual una situación donde dos niños todavía se quieren pero no saben relacionarse, que una situación donde ya existe un nivel de maltrato mucho más agresivo.

En los primeros casos, para mí la clave absoluta es la reeducación. Reeducación y más reeducación. Pero no desde el castigo constante, no desde el “eso no se hace” reactivo cuando ya la hemos liado otra vez.

Sino desde normas prosociales muy claras y muy repetidas.

Y esto parece muy evidente, pero se usa poquísimo.

Yo recuerdo cuando empecé como maestra que una de las cosas que más me sorprendía era esto. Que muchas veces esperábamos a que explotara el conflicto para recordar cómo había que relacionarse. Y claro, ahí ya vamos tarde.


AVANZA, AVANZA, AVANZA!

Entonces uno de los recursos que más utilizo es avanzar constantemente las normas antes de entrar en las situaciones. Antes de jugar, antes de hacer trabajos en grupo, antes de momentos donde sé que suelen aparecer conflictos.

Y esto al principio puede parecer muy robótico. Pero funciona muchísimo ¨Hasta con adultos¨.


Entonces, si tienes hijos que chocan mucho entre ellos, o un niño que tiene una amistad donde ves constantemente tensión, explosiones, malestar, lo ideal no es simplemente separar automáticamente. Lo ideal es practicar otras maneras de vincularse.

Hablar antes.Recordar límites antes.Recordar qué necesita cada uno para no entrar en su peor versión.


Y con adolescentes esto todavía es más importante, porque ya pueden empezar a entender cosas más abstractas. Ya pueden observar qué les activa, qué les detona, qué situaciones les hacen reaccionar desde el enfado, desde el rechazo, desde la humillación o desde el miedo.

Porque muchas veces el bullying no nace de la maldad pura. Nace de niños profundamente desregulados emocionalmente que han aprendido maneras horribles de relacionarse.


Ahora bien, también hay situaciones donde sinceramente esto ya no basta.

Y aquí creo que muchas familias y muchos colegios llegan tardísimo.

Cuando empiezan a aparecer dolores de barriga constantes, apatía, rechazo absoluto al colegio, ansiedad, aislamiento, síntomas físicos o emocionales claros… ahí ya no estamos hablando simplemente de conflicto. Ahí hay sufrimiento. Y cuando hay sufrimiento mantenido, muchas veces lo que toca es cambiar el contexto.

Y esto cuesta muchísimo aceptarlo.

Porque cambiar de clase, cambiar dinámicas o incluso cambiar de colegio da muchísimo miedo. Pero también os digo una cosa: mantener a un niño en un espacio donde su cuerpo ya está gritando constantemente tampoco suele arreglar nada.

Ahora bien, cuidado. Porque cambiar de contexto sin revisar lo que está pasando dentro tampoco sirve demasiado. Porque tanto el niño que recibe constantemente ese maltrato como el que lo ejerce pueden volver a repetir exactamente las mismas dinámicas en otro lugar si no entienden qué les está pasando.


Por eso muchas veces yo hablo de probar contextos nuevos antes de tomar decisiones enormes.

Actividades diferentes, grupos distintos, otros espacios, otros adultos. Y observar.

¿Se repiten las dinámicas?¿O aparecen versiones completamente diferentes del niño?

Eso da muchísima información.

Y aquí también quiero hacer una reflexión importante sobre las pantallas y el contenido que consumen los niños y adolescentes. Porque una de las cosas que más me impacta es que muchas veces intentamos trabajar empatía o respeto en niños que luego pasan horas consumiendo contenido donde la humillación, la agresividad, la manipulación o el desprecio están completamente normalizados.

Y nadie lo cuestiona.

Entonces claro, el cerebro infantil y adolescente acaba entendiendo que eso es una manera válida de relacionarse.

Por eso no basta con controlar pantallas. Hay que conversar muchísimo más sobre lo que están viendo. Hay que hablar del maltrato, del buen trato, de cómo se vinculan las personas, de cómo se sienten los cuerpos cuando viven ciertas situaciones.

Y también revisarnos muchísimo nosotros.

Porque los niños aprenden muchísimo más de cómo vivimos que de lo que decimos.

  • Cuánto juicio hay en nuestras conversaciones.

  • Cuánta crítica.

  • Cuánto sarcasmo.

  • Cuánto rechazo.

  • Cuánta agresividad pasiva.


Todo eso educa muchísimo más de lo que creemos.

Así que bueno, con este artículo simplemente quería dejar esta semilla. Que el bullying no puede seguir siendo algo que miramos solo cuando ya hay una explosión enorme. Hay muchísimas señales antes. Muchísimas dinámicas pequeñas que ya nos hablan de cómo se están vinculando los niños entre ellos y también los adultos.

Y que pedir ayuda no significa haber fracasado. Significa justamente lo contrario. Significa dejar de mirar hacia otro lado.


Así que si sientes que tu hijo está sufriendo en el colegio, o está teniendo muchísimos problemas para relacionarse, o directamente ya notas que algo no va bien, recuerda que tenemos una primera sesión de valoración gratuita con nuestra psicóloga del proyecto, especializada en infancia, adolescencia y familia.

Muchas veces una sola conversación ya da muchísima claridad y ayuda a ordenar muchísimo lo que está ocurriendo.

Y nada, seguimos aprendiendo. Porque sinceramente creo que aprender a relacionarnos bien es probablemente una de las cosas más importantes que vamos a hacer en toda nuestra vida.


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