Límites, educación emocional y Autoridad
- Patricia Mendez
- 16 may
- 3 Min. de lectura
¿Y si cerramos el curso fortaleciendo nuestra autoridad emocional?

Quedan pocas semanas para cerrar el curso escolar. Ya se nota el cansancio, el ritmo cambia, y tanto adultos como niños estamos en una especie de sprint emocional.
El otro día, en una reunión con el equipo, nos preguntamos algo potente:
¿Qué os gustaría conseguir antes de que termine el curso?
Entre todas las respuestas, una destacó por encima del resto:
“Seguir aprendiendo recursos para mejorar mi figura de autoridad.”
Y eso nos abrió una puerta hacia uno de los temas más importantes —y también más complejos— de la educación consciente.
¿Qué es una autoridad sana en la infancia?
Cuando hablamos de autoridad en la infancia desde una mirada consciente, no nos referimos al control, al castigo o a imponer normas a la fuerza.
Nos referimos a convertirnos en esa figura capaz de:
Resolver conflictos sin perder el control emocional.
Crear un ambiente seguro, claro y firme.
Establecer límites con amor y coherencia.
Ser escuchados sin necesidad de gritar.
Sostener la calma cuando todo a nuestro alrededor parece en caos.
Una autoridad sana no grita, guía.No castiga, contiene.No controla, inspira.
Esto aplica tanto en casa como en el aula. La necesitan tanto los niños de infantil como los adolescentes. La necesitamos madres, padres y docentes.
Alerta... Y SI GRITA, CASTIGA Y CONTROLA se da cuenta del error y pide perdón.
¿Por qué cuesta tanto ejercer esa autoridad? ¿Qué sabemos de poner límites y de educación emocional?
Porque no es una técnica, es una transformación interna.
Ser una figura de autoridad emocional requiere desaprender muchas creencias que llevamos dentro:
Que autoridad es sinónimo de dureza.
Que los niños deben obedecer sin cuestionar.
Que los límites duelen.
Que si cedes, pierdes poder.
Requiere también hacer un trabajo de introspección:🪞 Mirar cómo reaccionamos ante los conflictos.🪞 Observar qué frases repetimos sin pensar.🪞 Preguntarnos desde dónde educamos: ¿desde el miedo o desde la conexión?
Y esto, como cualquier transformación real, lleva tiempo, práctica y humildad.
¿Por dónde se empieza?
Empieza por no normalizar los conflictos.
Empieza por mirarlos con otros ojos: los de la curiosidad y el crecimiento.
Aquí te propongo un primer paso muy sencillo pero poderoso:
📝 Lleva un registro de situaciones que te generan conflicto o desborde emocional.Cada vez que sientas que perdiste los papeles, que no fuiste escuchada/o, o que los límites no funcionaron, apunta:
¿Qué pasó exactamente?
¿Cómo reaccionaste tú?
¿Cómo respondió el niño o adolescente?
¿Qué habría necesitado esa situación?
¿Qué podrías probar diferente la próxima vez?
Este ejercicio convierte la culpa en conciencia, y la repetición en evolución.Y si sientes que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda: busca una formación, comparte con otras familias, acompáñate.
Cerrar el curso... o abrir una nueva forma de educar
Quizá este fin de curso no se trate solo de informes y notas.Tal vez sea el momento perfecto para empezar a transformar tu forma de acompañar.
Porque ejercer la autoridad no es cuestión de carácter, es cuestión de práctica, mirada y coherencia emocional.Y lo más bonito: se puede entrenar, aprender, pulir.
Educar desde la autoridad emocional es el mayor acto de amor hacia ti y hacia los niños que te rodean.
Aprender de límites o sobre educación emocional es algo que en los colegios no se enseña, en muchos porque ni los profes lo hacen bien y en casa por falta de conocimiento o replicar sistemas familiares.
Si quieres aprender DOS MESES sobre educación emocional, límites, autoestima, temperamentos, apegos.. subscríbete a nuestra MEMBRESÍA APRENDE.
Por probar no pierdes nada. ¿Te lo vas a perder?








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