top of page

¿Mi hijo realmente aprovecha las clases de inglés?

Foto del escritor: Patricia Mendez
Patricia Mendez
1 oct
4 min de lectura

Hay una pregunta que, como maestra, lleva años rondándome la cabeza y que aparece constantemente en mis conversaciones con las familias: ¿cómo sé si mi hijo realmente está aprovechando sus clases de inglés? Y cuando digo clases, me refiero a todas: las del colegio, la academia, las extraescolares o las particulares. He abordado este tema desde muchas perspectivas, pero hoy quiero hacerlo desde una pregunta bastante más interesante: ¿qué tendría que estar ocurriendo para que todas esas horas se transformaran realmente en aprendizaje?


Porque ir a clase no es lo mismo que aprender. Entender una explicación no equivale a saber usarla, y conocer una regla gramatical no significa ser capaz de aplicarla de forma natural cuando hablamos.

Clases de inglés

Primero: no podemos pedirle lo mismo a un niño de 7 años que a uno de 14

Tras casi veinte años en la educación, hablando a diario con alumnos y profesores de distintas etapas, hay un principio que considero fundamental: debemos interpretar el aprendizaje según el momento madurativo del niño.


Un niño pequeño todavía no tiene la capacidad de analizar su propio proceso. Me ha pasado infinidad de veces terminar una sesión pensando "¡qué clase tan maravillosa hemos tenido!" y, al rato, escuchar a una madre decirme: "Pues a mí no me ha contado nada. Le pregunto qué ha hecho y me dice que solo ha jugado; si le pido que me diga algo en inglés, no le sale". Entiendo perfectamente la duda que eso genera en casa, pero la explicación es sencilla: durante infantil y los primeros cursos de primaria, los niños carecen de herramientas para observarse, identificar lo que saben o evaluar su rendimiento. Curiosamente, les resulta mucho más fácil detectar el fallo en el compañero ("se ha equivocado", "eso no se dice así") que en sí mismos. No es falta de interés, es pura maduración: primero aprendemos a mirar hacia afuera y solo después hacia adentro.



Los famosos «clics» y la conciencia de aprender en las clases de inglés

Soy poco partidaria de imponer aprendizajes antes de tiempo; prefiero acompañar al alumno hasta que surgen esos "clics" de autoconciencia: "esto todavía no me sale", "pensaba que lo sabía, pero fallo", "si me concentro, me sale mejor". Estos momentos no llegan a la misma edad en todos, pero cuando aparecen, nace la responsabilidad sobre el propio aprendizaje.

Si no tenemos conversaciones objetivas sobre esto, la falta de percepción se arrastra hasta la adolescencia. En clase ocurre a diario: ante el típico "eso ya lo hemos dado", planteamos un pequeño reto práctico y surgen las dudas. No lo hacemos para poner al alumno en evidencia, sino para enseñarle algo esencial: comprender la teoría del Present Perfect en una ficha no significa dominarlo al hablar. Aprender un idioma no es acumular datos, sino convertir ese conocimiento en una herramienta viva.



La clase es solo el punto de partida

Para saber si un alumno aprovecha el tiempo, no me fijaría solo en lo que ocurre durante la sesión, sino en cómo se relaciona esa hora con el resto de su semana. Dos niños pueden ir a la misma aula y terminar el año con resultados opuestos. La diferencia no está en el temario, sino en la frecuencia: el que solo toca el idioma en clase avanza a un ritmo totalmente distinto del que lee, escucha o recupera vocabulario de forma repartida a lo largo de los días. El inglés necesita volver a aparecer en la rutina, aunque sea en pequeñas dosis.

En nuestra experiencia en Funny Friends School hemos comprobado que los recursos audiovisuales (canciones, vídeos) hacen maravillas con la comprensión. Sin embargo, con el tiempo nos dimos cuenta de que comprender no garantiza saber producir. La producción exige práctica activa: leer en voz alta, repetir, equivocarse, reformular y esforzarse por recordar palabras sin tenerlas delante. Por eso hemos integrado la lectura en voz alta como un hábito clave desde los niveles iniciales hasta los exámenes oficiales de Cambridge (de KET a Proficiency): unos minutos al día obligan al cerebro a fabricar idioma, no solo a reconocerlo.


Del «hacer inglés» a tener un rumbo claro

Quizá la reflexión más importante no sea si el niño aprovecha la clase, sino para qué queremos esas clases. "Que haga inglés" no es un objetivo. Necesitamos definir qué esperaremos de él al terminar primaria o secundaria: ¿queremos que se desenvuelva en un viaje, que alcance un B2 o un C1, o que pueda estudiar en el extranjero? Cuando marcamos el destino, podemos diseñar el camino y valorar si la metodología, las horas y los hábitos actuales son coherentes con esa meta.

Para valorar el progreso desde casa, en lugar de un frío "¿qué has aprendido hoy?", le invito a observar detalles más profundos:

  • ¿Comprende con mayor fluidez y retiene vocabulario de semanas atrás?

  • ¿Se atreve a hablar y lee con más soltura sin depender de tu ayuda?

  • ¿Es capaz de reconocer sus fallos y decir "esto todavía me cuesta"?

Este último gesto, aunque parezca insignificante, lo cambia todo: indica que el alumno ha tomado las riendas de su aprendizaje.


A partir de los 8 o 9 años es el momento ideal para empezar a construir esta autonomía, combinando exposición, producción guiada y grupos reducidos que acompañen su evolución paso a paso. En definitiva, la pregunta que realmente merece la pena hacernos en familia no es solo si están aprovechando la clase de hoy, sino si lo que hacen hoy les acerca de verdad al nivel que van a necesitar mañana.

 
 
 

Comentarios


Online Class

Subscríbete a nuestro Blog y recibe Regalos todas las semanas.

Gracias por subscribirte!

Sigue nuestra cuenta de: Instagram 

Compartimos estrategias de educación todas las semanas

​

© 2025 Funny Friends School | Política de privacidad | Aviso legal  
Contacto: contacto@funnyfriendsschool.com | WhatsApp: [👋🏻]  
| YouTube | Blog

bottom of page