¿Son las relaciones de mi hijo sanas?
Hoy vengo con un tema que está muy de moda… y no por casualidad. Llevamos un tiempo escuchando sin parar frases como "esta es una relación tóxica" o "esa persona no me aporta nada". Y lo cierto es que cuestionarse el tipo de vínculos que creamos y mantenemos debería ser un ejercicio habitual. Ojo: esto no significa cambiar de grupo de amigos cada año, pero sí tener la capacidad de reflexionar sobre quién nos rodea.
Hoy hablo de esto porque es justo el tema con el que arranco la newsletter este curso escolar ([CLICK AQUÍ]).
Y quiero poner el foco aquí por una razón muy clara: mientras que los adultos tenemos (normalmente) libertad para soltar, cambiar de entorno o cambiar de trabajo, la gran mayoría de los niños no pueden. Una vez que entran al colegio y les asignan un grupo, ahí se quedan, conviviendo horas y horas con los mismos compañeros año tras año. Y esto, según como vaya la cosa, puede ser algo maravilloso… o algo absolutamente catastrófico.
Para ayudarte a poner un poco de luz, he recopilado algunas claves de expertos en psicología infantil que nos ayudan a descifrar la calidad real de las relaciones de nuestros hijos:

1. Es una relación con pocos conflictos. Ahí sí hay relaciones sanas
Parece obvio, ¿verdad? Pues no te imaginas la cantidad de veces que veo relaciones infantiles donde cada 15 minutos hay una discusión, un enfado o un desplante. La típica frase de "es que tienen una relación de amor-odio" simplemente no existe. Cuando odias, no amas. Y si un niño pasa de un extremo a otro constantemente, no estamos ante una gran amistad: estamos ante un vínculo de dependencia. Las dinámicas de ida y vuelta generan adicción emocional, no bienestar.
2. Los roles son equitativos
Otras veces la relación parece tranquila porque "no discuten tanto". Pero si te fijas bien, es solo porque uno de los dos permanece siempre a la sombra del otro, cediendo en todo. Y esto, de nuevo, también es dependencia.
En consulta o en el aula es muy habitual ver que este tipo de dinámicas provocan sintomatología somática en los niños: dolores de barriga matutinos, dolores de cabeza, irritabilidad o bloqueo. Niños incapaces de decir "esto no me gusta", pero que ahí siguen. Las razones pueden ser infinitas y cada caso merece su propio estudio, pero la falta de equilibrio siempre pasa factura.
3. Cuando están juntos, ¡todos brillan!
En una amistad sana se crean espacios de creatividad genuina. Los niños se motivan, se cuidan y se suman el uno al otro de forma equilibrada. No hay uno que domine y otro que ejecute; hay un espacio donde ambos pueden ser ellos mismos sin miedo a ser rechazados.
Todo esto suena a sentido común, lo sé… pero te aseguro que hoy en día es de todo, menos común.
¿Y qué pasa si intuyo que la relación de mi hijo no es buena?
Tranquilidad. Si al leer esto te han saltado las alarmas con alguna amistad de tu hijo, no entres en pánico ni dispares directivas. Sigue estos pasos:
1. Cuestiónate qué ejemplo está recibiendo: Los niños son esponjas y, muchas veces, reflejan las dinámicas que ven en su entorno más cercano. Revisa qué tipo de relaciones mantienes tú, sus abuelos o sus hermanos mayores. ¿Ven límites sanos en casa o ven dinámicas de sumisión y conflicto?
2. Habla con él (pero para comprender, no para sentenciar): Evita el error clásico de llegar con la lupa de juez diciendo "ese niño no te conviene". En lugar de dictar sentencia, hazle preguntas abiertas que le ayuden a reflexionar por sí mismo:
¿Cómo te sientes cuando juegas con él/ella?
¿Sientes que puedes elegir a qué jugáis o siempre decide la otra persona?
¿Te diviertes o vuelves a casa cansado o enfadado?
3. Ayúdale a construir su propio criterio: El objetivo no es prohibirle amistades (lo cual suele generar el efecto contrario), sino enseñarle a identificar qué se siente bien y qué no. Si tu hijo aprende a detectar qué le hace sentir en paz, él solo empezará a buscar entornos más saludables.
Revisar las amistades de nuestros hijos no es controlar su vida social; es darles herramientas para que aprendan a vincularse desde el respeto y el bienestar para el resto de sus vidas.
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