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¿Qué aprenden en el colegio?

  • Foto del escritor: Patricia Mendez
    Patricia Mendez
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Este artículo nace de una pregunta que a mí, como maestra y como persona que lleva más de veinte años observando aulas, niños, familias y sistemas educativos, me remueve profundamente:


¿Qué aprenden en el colegio? y, quizá más importante todavía,

¿Qué queremos que aprendan?


problemas en el colegio

Como algunas familias ya sabéis, este curso el proyecto está muy centrado en revisar, investigar y compartir estrategias que ayuden no solo a mejorar el rendimiento académico, sino también a entender qué está pasando emocional y psicológicamente en el proceso de aprendizaje.

Y una de las primeras reflexiones que me hago es que el sistema educativo, aunque está en transición, sigue arrastrando una herencia muy clara de un modelo industrial, pensado para formar personas que funcionaran de manera similar, al mismo ritmo, con objetivos homogéneos y con muy poco margen para la personalización.


Ese modelo hoy ya no responde a las necesidades reales de los niños ni del mundo que habitamos. Y mantenerlo sin cuestionarlo está generando consecuencias que vemos cada día:

  • Docentes agotados

  • Bajas por ansiedad o depresión

  • Conflictos constantes en las aulas

  • y, sobre todo, niños que verbalizan cada vez con más frecuencia que no quieren ir al colegio o que el colegio no les gusta.


¿Qué aprenden en el colegio en realidad?

Desde mi experiencia, lo que ocurre es que en el colegio no se aprende solo lo que se explica en los libros o en la pizarra.

Se aprende, sobre todo, todo aquello que no se dice explícitamente. Se aprende la manera en la que los adultos se relacionan con la vida, con el trabajo, con el error, con el conflicto, con la frustración. Se aprende el entusiasmo —o la falta de él— del docente. Se aprende si hay espacio para ser escuchado, si equivocarse es seguro o peligroso, si el proceso importa o solo importa el resultado.

Pero cuidado... que no solo de lo que el profe actúa en clase sino fuera de ella... Porque los niños y los humanos olemos la coherencia, y su falta de ella.

Así que esto no va de fingir delante de ellos, y decirles ¨cómo me gusta el cole¨... va de cómo gestiono yo luego, fuera del aula mi relación con todo...


Lo que mis alumnos más mayores dicen.

Esto es algo que he podido comprobar claramente trabajando con alumnos desde los tres hasta los veinte años. Hace poco, por ejemplo, pregunté a alumnas mayores, algunas incluso ya en bachillerato, si les había gustado el colegio. Me dijeron que sí, pero también me hablaron de estrés constante, de falta de tiempo, de una vida muy centrada en estudiar. Y cuando les pregunté qué recordaban de su etapa escolar, coincidieron en algo muy significativo: muchos de sus compañeros no disfrutaban del colegio y lo único que realmente les gustaba era estar con los amigos.


Esta idea se repite también en primaria y secundaria. Cuando preguntas qué es lo que más gusta del colegio, la respuesta habitual no es aprender, sino socializar. Y aunque esto lo hemos normalizado, a mí me parece una señal de alarma importante.

Hemos aceptado como algo “normal” que a los niños no les guste aprender, cuando en realidad el ser humano tiene una curiosidad natural enorme. Cuando esto se apaga, algo está fallando.

Pasa algo muy parecido con frases como “no me gusta el inglés” o “no me gusta el cole”.


Si no las cuestionamos, se convierten en etiquetas que tapan lo que realmente ocurre debajo: que el niño no le encuentra sentido, que acepta vivir así, que el enfoque le aburre, que no hay vínculo con el adulto, que el ritmo no se adapta a él o que no se siente visto. Nombrar esto es clave para poder acompañarlo.


Quién es responsable?

En todo este proceso la responsabilidad no es solo del profesorado, pero tampoco podemos eximirlo completamente. Las familias también tenemos un papel importante. Hemos normalizado delegar casi por completo la educación en la escuela y luego exigir resultados, cuando muchas veces la comunicación es mínima y la implicación muy baja. Se necesitan alianzas reales entre familia y escuela, espacios de diálogo, menos juicio y más corresponsabilidad.

Algo que tengo muy claro es que, al final, lo que los niños aprenden en el colegio no son solo contenidos académicos.

  • Aprenden una forma de estar en el mundo.

  • Aprenden si vivir esperando al viernes es lo normal, si quejarse del lunes es lo habitual, si el esfuerzo se vive como castigo o como proceso con sentido.


Frases cotidianas de los adultos como “qué palo”, “no quiero”, “qué ganas de vacaciones” construyen una relación concreta con la vida y con el aprendizaje.

Por eso, antes de exigir resultados académicos, necesitamos asegurarnos de que la base emocional y relacional está cuidada. A veces no se trata de hacer más deberes ni de añadir más presión, sino de parar, de compartir tiempo de calidad, de escuchar sin juicio, de observar qué está pasando realmente. Desde ahí es mucho más fácil acompañar a un niño hacia una mayor organización, motivación o autonomía.


Cuando todo esto no fluye y aparecen bloqueos claros —ya sea por dificultades de aprendizaje como el TDA o la dislexia, o simplemente por desorganización, frustración o bajo rendimiento—, el acompañamiento especializado marca una diferencia enorme. Por eso, en Funny Friends School hemos abierto un servicio de acompañamiento psicopedagógico y refuerzo escolar, pensado no solo para “arreglar” problemas, sino para dar herramientas reales a niños y familias. Ofrecemos una primera valoración gratuita, pactos trimestrales con objetivos claros y un acompañamiento continuado tanto al alumno como a la familia, con la tranquilidad de que, si el proceso no funciona, devolvemos el importe íntegro. Pide aquí: https://forms.wix.com/r/7348610009057460413


Además, para las familias que quieren empezar por casa, seguimos ofreciendo el taller online de técnicas de estudio, donde no hablamos solo de subrayar o hacer esquemas, sino de cómo funciona el cerebro, de metacognición, de motivación, de temperamentos y de cómo la familia influye directamente en el aprendizaje. Es un taller muy práctico, adaptable a cada niño y que aporta mucha claridad.



En definitiva, el colegio no solo enseña contenidos. Enseña una manera de relacionarse con la vida. Y como adultos tenemos la responsabilidad de observar, cuestionar y acompañar cuando algo no funciona, en lugar de normalizar el malestar. Porque aprender puede y debería ser una experiencia con sentido.

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